Reseña de The Mind

       The Mind... La primera vez que probé este título en Ziggurat Jocs de Castelldefels me pareció muy curioso y original. Al final me lo acabaron regalando los reyes magos del año 2019. Desde entonces hasta la actualidad he jugado veinticuatro partidas a este juego, de las cuales solo tres han sido victorias. Apunto la cantidad de partidas que hago a cada juego en un archivo excel, así como quién es el ganador en cada una de ellas. Es un título de pequeño formato, barato y la hostia de divertido, con el que te acabas riendo un montón gracias a esos momentos incómodos de silencio a los que te somete. ¿Quién se atreverá a lanzar la siguiente carta? 

Queridos seguidores de Khyndrak, ¡bienvenidos a la videoreseña de The Mind!
     


Tiempo medio de juego:
20’
Número de jugadores:
2-4
Edad:
+8
Editorial:
Mercurio Distribuciones
Dificultad de aprendizaje:
Baja
Tipo de juego:
Party game, cartas, cooperativo



  
       A modo de resumen antes de dejaros el vídeo, vuestra misión en The Mind es superar todos los niveles. Según el número de jugadores que seáis habrá más o menos niveles. El objetivo en cada uno de ellos es jugar las cartas que tengáis en vuestra mano por orden ascendente, teniendo en cuenta que no podéis hablar, hacer señales, dar pistas… es decir, vuestra única arma será el “paso del tiempo” y vuestra propia intuición. En el nivel 1 cada jugador recibirá una carta, en el nivel 2, dos cartas, en el 3, tres cartas… y así sucesivamente. Se juega en tiempo real, no hay turnos en una partida de The Mind, por lo que las cartas las iréis jugando cuando lo veáis conveniente. 

      Por ejemplo: imaginad que tres jugadores comienzan una partida, encontrándose pues en el nivel 1; uno de ellos tiene en su mano la carta número 20, otro la número 55 y el tercero la 60. El jugador que tiene la 20 debería ser el primero en jugarla, seguido por aquel que tiene la 55 y acabando por quién tiene la 60. Imaginad que en el supuesto anterior el de la carta número 60 se hubiese adelantado jugándola antes que quién tiene la número 55; en este caso sería un error, ya que el número 60 está por encima del 55, así que los jugadores perderían una vida. Debéis superar todos los niveles de la partida antes de que os quedéis sin vidas. 

      
       ¡Disfrutad del vídeo!









* Conclusión

       No voy a andarme con rodeos: The mind me encanta, me chifla y no me canso de jugar a él. Ya os digo, desde que lo probé aquella tarde en ese pequeño rincón del vicio de Castelldefels me enamoré de él. Me pirro por esos juegos que presentan ideas originales, y The Mind es brillante como tal. 

       Lo que más valoro de él es el cachondeo que ofrece, esos momentos de parón que hay cuando nadie se atreve a lanzar la primera carta de la ronda o bien la siguiente en orden ascendente, por miedo a cometer un error y a perder una vida. Seamos realistas: The mind llega a picar, consigue crearos ese mono de querer intentarlo una y otra vez hasta superarlo. Cuando a mí me lo regalaron en reyes lo jugamos tres partidas en ese mismo día. Las dos primeras las perdimos, pero la tercera, tras tirarnos una hora jugando, logramos ganarla, venciendo por fin al juego. Aquel día volví a mi casa satisfecho. Sí, tardamos una hora en acabar con éxito el juego, nos lo tomamos muy en serio e hicimos calculados análisis parálisis para intentar cometer el menor número posible de fallos. 

      Por lo tanto, eso de que el juego dure veinte minutos, discrepo. Imagino que irá un poco en función de cómo quiera jugar cada grupo. A nosotros nos gusta ir con toda la calma posible y jugar cada carta en el momento más oportuno y adecuado tras esperar el tiempo necesario. Porque la verdad es que en The Mind no hay que sincronizar las mentes contando números al mismo ritmo que el resto de jugadores, sino que hay que crear una especie de sentido del tiempo sin contar, es decir, hay que esperar al momento oportuno para jugar cada una de las cartas que tengáis en la mano en la ronda actual usando simplemente vuestra intuición y dejando pasar el tiempo. Me explico: si un jugador tiene la carta número 1 en su mano obviamente la jugará nada más empezar la ronda, pero si alguien tiene la 100 está claro que será el último en jugarla. Por consiguiente, si un jugador tiene la 20 en su mano debería tardar bastante menos en jugarla que aquel que tenga la número 50. El problema, y lo que es la gracia del juego, es que el sentido del tiempo (el paso del tiempo) no es para todos los jugadores igual. ¿Cómo se consigue ir, entonces, a la par con el resto de jugadores? ¡JUGANDO PARTIDAS Y MÁS PARTIDAS!

       Y aquí hago hincapié en otro punto que creo interesante de este título: una vez habéis conseguido congeniar con un grupo de jugadores el juego es fabuloso y ya se puede llevar bastante por la mano, cosa que no quiere decir que vayáis a ganar la mayoría de las partidas, porque el juego es difícil de narices. ¿Qué pasa cuando jugáis con jugadores diferentes a aquellos con los que estás acostumbrados a jugar? Pues que tendréis que volver a crear entre todos un nuevo sentido del tiempo, es decir, tendréis que sincronizaros con los nuevos jugadores, lo que viene siendo sufrir derrotas aplastantes en los primeros niveles de la partida incluso. Para un jugador novato The Mind puede resultar un juego poco divertido y muy frustrante, en parte porque su mecánica es en tiempo real y porque cuesta de captar su idea con tan solo una breve explicación de cómo funciona. Hay que darle más de una oportunidad para que acabéis de decidir si os gusta o si os parece una bazofia. En definitiva, es de esos juegos que es necesario aprenderlos sobre la marcha de una partida de prueba, sin tener que dar una chapa inicial. La parte buena, todo sea dicho, es que cualquiera puede aprender a jugarlo porque las reglas son excesivamente sencillas y no hay ambigüedad alguna en ellas.

      Otro punto positivo que le veo al juego es la capacidad que tiene para añadirle formas diferentes de jugarlo. Yo con los de mi trabajo lo he jugado de tres formas distintas: una es la normal y básica; la segunda es sincronizando las mentes con ellos contando del 1 al 100 al ritmo de los segundos de un reloj cualquiera; la tercera es contando del 1 al 100 pero a toda pastilla, que genera un caos total y unas risas tremendas debido a que no da tiempo a lanzar las cartas en el momento adecuado, por lo que acaban incluso desperdigadas por la mesa de la velocidad a la que se llegan a jugar. Lo que pretendo decir en este párrafo es que si la forma normal de jugar a The Mind se os hace algo imbatible o frustrante al principio, siempre tenéis la ocasión de manipularlo un poco para que se os haga más sencillo. No es nada fácil superar el juego utilizando las reglas normales, insisto. 

       En cuanto a número de jugadores, pienso que se adapta bien a cualquier cifra. A dos puede dar la sensación de que el juego es muy fácil de resolver, sobre todo en los primeros niveles de la partida, en los cuales jugaréis con una carta por jugador en el nivel 1, dos cartas por jugador en el nivel 2... Esto se compensa teniendo que superar hasta 12 niveles y disponiendo de tan solo dos vidas, mientras que siendo tres jugadores, a parte de que hay más risas y diversión, hay que superar 10 niveles y se empieza la partida con tres vidas. Con cuatro jugadores hay que superar ocho niveles y se comienza con 4 vidas, no obstante, imaginaros el último nivel con 32 cartas pululando (4 jugadores multiplicado por 8 cartas que tiene cada uno debido a que es el nivel 8...) En definitiva, escala bien a cualquier número de participantes, si bien es mejor jugarlo con tres o cuatro por las risas y el humor. De las tres veces que he ganado a este juegos dos han sido a tres jugadores y la tercero a cuatro. 

      Y creo haberlo soltado todo lo que pienso sobre este título. Lo dicho anteriormente: para mí The Mind es sencillamente original, adictivo, fácil de jugar, rápido de explicar y genera unas ganas locas de picarse por tal de superarlo. Una obra maestra que estará en mi ludoteca para siempre, sin lugar a dudas. 




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