miércoles, 2 de octubre de 2013

Babeando a paso lento.

Babear... ese efecto que a muchos nos sucede cuando tenemos hambre y, ante nuestras narices, tenemos comida, o cuando vemos una hermosa mujer pasar por delante nuestro... Eso sí, sin duda alguna, todos hemos babeado de pequeños, cuando éramos bebés. En el reino animal es algo que también sucede, en especial con un molusco que suele aparecer cuando llueve y al que le encanta arrastrarse por el suelo en busca de comida. Normalmente suele ser depredado por la especie humana en cantidades masivas o bien pisoteados. Es lo que tiene ir tan despacio, otra de sus particularidades. Con dos cuernos por ojos y dejando un rastro de babas allá por donde pasa, el caracol es un animalito no muy agradecido por las personas, porque les parece semejante a una babosa, y es que tiene todo el sentido del mundo, porque son de la misma familia. Eso sí, a la hora de comer, bien que dan poco asco...

Total, que os hablo de este animal porque en el mundo de los juegos de mesa nunca puede faltar un tema que no pueda usarse, y es que con la cantidad de animales que hay, era hora de utilizar el caracol. El juego que hoy os traigo está editado por su propio autor, Eugeni Castaño. Pude probarlo en una feria de Barcelona, más concretamente, en Sant Vicenç dels Horts, organizada por la entidad local, el Club Amatent.


¡Babea con Cargolino Valentino!



Os encontráis ante un juego que es super sencillo de aprender a jugar, fácil de mecánica y rápido. Lo único complicado es aprender la estrategia de cómo ganar, cosa que se realiza sobre la marcha y la práctica partida tras partida. Es ideal tanto para adultos como para niños, más para éstos por su diseño infantil, ya que les atrae nada más ver el tablero. Con unos simples dados, Cargolino Valentino ofrece un juego estratégico la mar de simple para 2, 3, 4, 5 o 6 jugadores. 



*Preparando las babas.

La preparación del juego es rápida. Desplegáis el tablero sobre la mesa, situáis los peones en la casilla de salida (la de la flecha) y tenéis los dados cerca.




Cabe tener en cuenta que si sois pocos jugadores corresponderá más de un peón por jugador.

-2 jugadores: 3 peones por jugador.
-3 jugadores: 2 peones por jugador.
-4 jugadores: 1 peón por jugador, los que sobran son como "robots".
-5 jugadores: 1 peón por jugador, el que sobra es un "robot".
-6 jugadores: 1 peón por jugador exactamente.

El objetivo es ser el último caracol en llegar al final de la "carrera", es decir, a la casilla central.



*Babeando el camino. 

Comienza un jugador inicial y seguiréis en sentido horario. En vuestro turno debéis coger todos los dados y lanzarlos. Ahora debéis asociar los colores con los peones y con las casillas, intentando, siempre que sea posible, que vuestro caracol se quede lo más atrás posible, ya que gana el último en llegar a la casilla central. Para ello, cada dado lo utilizaréis en avanzar una casilla el peón del color respectivo al resultado del dado o bien en mover una casilla el peón que se encuentre sobre la casilla del color asociado al dado.



Fijaros en la imagen. Han aparecido una tirada de todos los colores. Vayamos por partes:

-El dado lila podríais utilizarlo para mover el peón lila o bien para hacer avanzar el peón azul, porque se encuentra sobre una casilla lila.
-El dado azul haría avanzar el peón azul o bien los peones rojo y naranja porque están en una casilla azul.
-El dado verde movería el peón verde una casilla o bien el amarillo porque está sobre una casilla verde.
-El dado amarillo podría hacer avanzar el peón amarillo o bien el verde porque se encuentra sobre una casilla amarilla.
-El dado naranja haría avanzar el peón naranja obligatoriamente, porque no hay ningún peón sobre ninguna casilla naranja.
-El dado rojo desplazaría el peón rojo una casilla o bien el lila porque está sobre una casilla roja.


Estos pasos aquí indicados son los simples, sin hacer combinaciones raras. Ahora viene cuando las matan. Pensad que los dados los gastáis como queráis, es decir, que deberíais hacer las combinaciones más beneficiosas, aquellas que os permitan quedaros atrás del todo. Os pongo de nuevo la imagen para que no tengáis que subir arriba.


Suponed que movéis el peón azul con el dado lila (ya que el peón azul se encuentra sobre una casilla lila). Sucede que, tras moverlo, el peón azul está sobre una casilla roja. Ésto quiere decir que podríais mover el peón azul, ahora, utilizando el dado rojo porque se encuentra sobre una casilla roja. Si lo hicierais, lo desplazaríais a una casilla verde, en la cual podríais utilizar el dado verde para hacerle avanzar de nuevo, porque se encuentra sobre una casilla verde. ¿Lo cogéis?.

En definitiva, movéis los peones aparecidos en los dados o bien aquellos peones que se encuentren sobre las casillas de los resultados.

Una vez un jugador mueve los peones (ha gastado todos los resultados de los dados) es el turno del siguiente.

Como regla especial a tener en cuenta es que cuando un peón llega a la casilla central se retira, junto a un dado. Los resultados de su color en futuras tiradas no se tienen en cuenta.



*Conclusión. 

Personalmente me pareció un juego entretenido y divertido, que no presenta ninguna dificultad, a excepción de aprender la estrategia. Pero como ya he dicho al comienzo de la reseña, no hay más que jugarlo y practicar para cogerlo. Es ideal como juego para matar tiempos cortos por su escasa duración (unos 20 minutos o 15 aproximadamente) y para introducir a la gente en el mundo de los juegos de mesa. El diseño es original (véase que el editor, que es el propio creador, se ha matado a ponerle babas y todo...) y llamativo a simple vista, sobretodo para los niños. Quizás para gente que juegue a juegos más densos puede ser una decepción, pero es que Cargolino Valentino va dirigido a todos los públicos.

Como ya habéis apreciado, la gracia está en combinar los resultados de los dados, haciéndoos pensar a base de bien cómo mover los peones y en que orden, porque afecta mucho en el desarrollo de la partida. No es sencillamente un juego de azar, en el que tiráis los dados y hacéis avanzar los respectivos colores. Si de verdad queréis ganar, tendréis que estrujar un poco la mente e ingeniároslas para que vuestro caracol sea el último en recorrer el circuito. Otro detalle que me gustó bastante: se gana por ser el último, no el primero, algo que destaca la gran particularidad de estos moluscos: su lentitud.

Os dejo el link a la página del juego, donde el creador va subiendo posts relacionados con el juego:

¡Cargolino Valentino!

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